Hiperbólico dicho que debería ser eliminado de la lista de dichos de la habla hispana. Les aseguro que nadie, absolutamente NADIE, llevará jamás una vida que se le asemeje a la de los perros de la calle. Mi razón para afirmar esto, a continuación.
Sábado por la tarde. Llevaba a cabo mi rutinario trote por las calles de la ciudad, cuando de repente oigo un par de bocinados. Preludio de la historia que iba a protagonizar un poco afortunado can y tener como forzado actor secundario a mi persona.
Miro hacia avenida Las Condes, calle de donde provenía el sonido. Y veo a un perro cruzarla. Pronto ésta sería escenario del lamentable accidente, el cual se los dejo a su imaginación. Por mi parte, tendré que convivir con las indeseadas imágenes que aún tengo en mi retina (intenté cerrar mis ojos, pero un estúpido impulso morboso me lo impidió).
Sábado por la tarde. Llevaba a cabo mi rutinario trote por las calles de la ciudad, cuando de repente oigo un par de bocinados. Preludio de la historia que iba a protagonizar un poco afortunado can y tener como forzado actor secundario a mi persona.
Miro hacia avenida Las Condes, calle de donde provenía el sonido. Y veo a un perro cruzarla. Pronto ésta sería escenario del lamentable accidente, el cual se los dejo a su imaginación. Por mi parte, tendré que convivir con las indeseadas imágenes que aún tengo en mi retina (intenté cerrar mis ojos, pero un estúpido impulso morboso me lo impidió).
Con la mitad inferior del cuerpo roto y sangrando, el animal se aproximó (paradójicamente) gateando hasta la acera a unos pasos de donde estaba yo, sin dejar de demostrar mediante aullidos y sollozos que estaba muy mal herido. El conductor ni se inmutó y siguió su camino, los transeúntes continuaron caminando y nadie le puso atención luego de consumados unos cuantos segundos después del atropello. Hasta que me puse a patear los postes de luz y a gritar de cólera por cómo a nadie le importaba. Ahí, todos miraron.
Me acerqué al perro que no dejaba de manifestar su dolor. No lo acaricié por un repudio a la sangre que tengo, pero lo quería hacer. Empecé a hablarle, como si él fuese un humano (o quizás yo un perro, que sé yo) para ver si se calmaba y para mi asombro, funcionó. Le dije que no se preocupara, que yo iba a buscar ayuda, que estábamos al lado de una clínica y que seguramente alguien iba a llamar a un veterinario. Suerte que no me entendió porque sino mi sentimiento de culpa sería mas grande del que tengo ahora. Como podrán imaginar, a nadie le importó un comino.
Volví donde el perro, que se había movido un poco más adentro hacia la vía peatonal, como esperándome. Le dije que lo sentía, que ya no podía hacer nada más.
Tenía pena, pero no era San Francisco de Asís, como para llevármelo en brazos hasta el veterinario más cercano, que de cercano tenía mucho.
Él me respondió con una cara que insinuaba cierta alegría, sacando la lengua como cuando un perro está feliz y acalorado. Sentí que me decía gracias. Gracias por ser el único ser humano por aquí, el resto son todos más animales que yo.
No pude evitar que se me humedecieran los ojos.
Fui a buscar ayuda de nuevo, infructuosamente.
No quise volver donde el perro. Así que seguí trotando con algo de culpa y con mucha rabia. Pegándole a cuanta cosa se atravesara por mi paso (excepto a los perros). Y pensé:
Nadie puede decir que lleva una vida de perros. Al menos cuando a alguien lo atropellan, sea quien sea, lleve la vida que lleve, estoy seguro que sí se le prestará ayuda.
Yo hice lo que pude. Pateé cosas, pedí ayuda y hasta escribí esto. Ojalá otra persona vea al perro y sea de más ayuda que yo. Ojalá que sí no, sea cierto otro dicho que escuché en mi infancia (bueno, quizás no sea dicho, pero sí el nombre de una película) que dice que todos los perros van al cielo.
No pude evitar que se me humedecieran los ojos.
Fui a buscar ayuda de nuevo, infructuosamente.
No quise volver donde el perro. Así que seguí trotando con algo de culpa y con mucha rabia. Pegándole a cuanta cosa se atravesara por mi paso (excepto a los perros). Y pensé:
Nadie puede decir que lleva una vida de perros. Al menos cuando a alguien lo atropellan, sea quien sea, lleve la vida que lleve, estoy seguro que sí se le prestará ayuda.
Yo hice lo que pude. Pateé cosas, pedí ayuda y hasta escribí esto. Ojalá otra persona vea al perro y sea de más ayuda que yo. Ojalá que sí no, sea cierto otro dicho que escuché en mi infancia (bueno, quizás no sea dicho, pero sí el nombre de una película) que dice que todos los perros van al cielo.
Maldita vida de perros, literalmente.
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